Mima (Mi Abuela)

 

por Adrián Hackney, ’19

 

Oigo las hojas susurrando en la brisa.

Siento el sol caliente en mi piel.

El césped está casi ardiendo, pero no puedo resistir despatarrarme en él.

Un pájaro solitario canta en la distancia.

 

Miro a Mima.

Está acostada en un sillón, sus ojos cerrados tranquilamente.

Tiene una sonrisa ligera como si estuviera pensando en una broma.

Empieza a contarme una historia y recuerdo los cuentos que ella se inventó durante mi niñez.

 

Sus palabras reconfortantes flotan por el aire y me rodean con amabilidad .

Mientras ella me cuenta historias, sus expresiones animadas producen arrugas en su cara que se estiran y se encogen.

Risas brotan de mi boca como cascadas y la cara casi me duele de tanto reír.

Sus manos venosas se mueven de un lado a otro de manera imprecisa .

 

Me habla de la noche en que ella se escapó de su casa y se metió al muelle.

Se subió en un bote pequeño y empezó a avanzar por las aguas tormentosas.

La niebla la rodeó y el viento bramó, pero ella continuó.

Justo cuando ella pensó que estaba perdida, vio la tierra.

 

Mientras la escucho, me quedo sin aliento y dejo escapar un grito agudo de deleite.

Ella continúa hilando su cuento magistralmente.

Me encuentro en un mundo solo con ella, miro fijamente en sus ojos traviesos.

No me importa nada más porque estoy aquí con ella, seguro y tranquilo…